Prostitutas feministas pinturas de prostitutas

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Autor Beatriz García Contacta al autor. Tiempo de lectura 4 min. El arte de la lencería fina Por EC 1. Barbijaputa y Madison, dos feministas, una porno y un destino: Del abraza a un 'hipster' al porno casero.

Todos los hitos culturales de los Franco Por Carlos Prieto Respondiendo al comentario 1. Recuerda las normas de la comunidad. Los historiadores del arte llamarían verismo a esta forma de desenmascarar la sociedad. Para él, el cuerpo de la prostituta se convirtió en el sitio de discursos de intersección sobre corrupción urbana, sexualidad asesina y corporeidad grotesca. Al término de la Primera Guerra Mundial, Dix se fascinó por la figura de las prostitutas y visitaba frecuentemente los burdeles de Dresde en el distrito rojo de Zegelgase.

Es así que todo lo excéntrico halla en él una resonancia apasionada. Podía por ello representar a las prostitutas con minucioso detalle y sus obras reflejan esa aguda capacidad de observación desprovista de juicios morales.

A diferencia de sus antecesores, Dix no recrea a la prostituta joven, sensual y erotizada, muestra a los personajes reales y caricaturizados que viven al margen de la sociedad, sentía que les otorgaba un sentido de dignidad y aire desafiante.

La obra Visita a Madame Gericault muestra a la prostituta como herramienta de guerra y presión. Los adornos de flores en su cuerpo no cubren su monumentalidad grotesca.

Los soldados como víctimas del sistema descubren la realidad de la prostitución al mismo tiempo que la realidad bélica. Retrató prostitutas con la intención de manifestar su autenticidad, eran mujeres que se aproximaban a la sexualidad sin sentimentalismo de por medio, el sexo como profesión. El ideal y fuerza de Eros removido de todo ideal de belleza, la sexualidad como realidad contundente. Algunas historiadoras del arte como Griselda Pollock toman en cuenta el papel de la prostituta al preguntarse: Asimismo, Linda Nochlin observa que el tema antes tratado de manera negligente o menos serio muestra la consistencia que el Realismo tuvo para demostrar lo real.

Para Dix, la mujer es el principio, el origen de la vida y la creatividad que estimula su propia producción. Las obras en papel de a muestran prostitutas asesinadas, brutalmente apuñaladas, ahorcadas y violadas. Utilizaron el crimen como herramienta en contra de la sociedad hipócrita que no había cambiado sustancialmente después de la Primera Guerra Mundial, el aumento de prostitutas y burdeles, el tema de la sexualidad y las enfermedades de transmisión sexual eran omnipresentes en las grandes ciudades.

Las obras de Dix desenmascaran a esa sociedad y arrojan luz de la naturaleza de los impulsos humanos, a veces vitales a veces violentos. Encontraba en estas composiciones realidades que valían la pena representar. Para estos años los alemanes estaban hambrientos de entretenimiento erótico, hombres y mujeres, y muchos clubs nocturnos satisficieron ese deseo. Después de la guerra, la censura se abolió en diferentes campos artísticos, por lo que las bailarinas nudistas pronto tuvieron fama, como la aclamada Anita Berber, a quien Dix pintaría posteriormente.

La popularidad en la prensa, literatura y cine de personajes de asesinos seriales como Jack el Destripador, y las nuevas ciencias como la psicología y la criminología se reflejaron en este tipo de manifestaciones. Dix atacó la miseria e hipocresía de la pequeña burguesía con sus despiadados retratos sociales de prostitutas viejas que resultaban una provocación para el buen gusto, y que poco después traerían problemas con la fiscalía.

Sobre este suceso su compañero Gert Wollheim escribió: A lo que Dix contestó: Esa es la herramienta de trabajo de la dama. Soltamos una carcajada tremenda, pero le dejamos claro que su condena sería inevitable si respondía de tal manera a una pregunta similar. Le aconsejamos que mejor declarara que había querido prevenir a la juventud del género masculino sobre el vicio. El original realismo que Otto Dix emplea en esta obra pone a colación nuevamente los límites de la vida y la muerte, el empleo de la mujer y el cuerpo decadente.

Ella desdice, desde su intangibilidad, a las bailarinas de Picasso que solo le interesaron en tras su matrimonio con Olga Khokhlova y los decorados para Diagilev. Dibujos a lo Ingres en los que las bailarinas aparecen como ocas grotescas de rostro imbécil, aunque hay una posibilidad de que la figura de la izquierda de Les demoiselles d'Avignon sea reelaboración de la niña en la cuarta posición Kendall. Estas mujeres absortas en su purificación no admiten injerencias.

No hay invitación alguna a la lujuria, a pesar de que algunos expertos Cowling creen ver en estas piezas una excusa de voyeur. A mi entender, es todo lo contrario, aquí las mujeres rechazan cualquier acceso masculino, afirman su capacidad, como las bailarinas, para ser entes autónomos y admirables, pero sin someterse a la predación sexual.

Aquí las mujeres aparecen encarnando su futuro papel como materia mercantil de primer orden en la vida moderna. Este es el aspecto con mayor desarrollo comercial y social en nuestros días.

Sin embargo, hay que hacer de inmediato una corrección. El burdel era un espacio del romanticismo con caracteres enteramente distintos a las actuales empresas de prostitución.

Hasta que los hombres liberaron sexualmente a las mujeres, muy entrado el siglo XX, el burdel era lugar de iniciación de todo varón de la burguesía. La prostitución callejera pertenecía al proletariado.

Muchas mujeres casadas que al cabo de un par de años repugnaban la copulación conyugal veían en el burdel una espita de alivio que las libraba de la imposición marital.

De modo que las escenas de burdel de Degas y Picasso hay que verlas como el complemento espacial de todo lo anterior. Aquí sí estamos en el refugio nocturno propiamente masculino. Aunque no del todo. Ellos mandan porque pagan, ellos se pavonean entre mujeres desnudas que abren sus piernas y exhiben sus grandes culos, pero no hay que ser muy agudo para ver que las auténticas propietarias de la sexualidad son las rameras, las cuales incluso muestran en alguna estampa la tierna dedicación al macho bigotudo que tendría una madre con su hijuelo.

Al principio, y con la habitual frescura, imitó tan solo el aspecto, digamos, sureño y levantino del burdel, su ludibrio, la juerga de toreros y señoritos.

Porque ataca el modelo tradicional de género. Se persigue la sexualidad autónoma de las mujeres. Para desmitificarlos y modificarlos. En muchos casos, la aceptación social no se relaciona con el acuerdo, sino con la ignorancia: Operan convenciones sociales que sirven para mantener una estructura determinada. No dependen de la biología, ni del destino ni del mandato divino. Las podemos cambiar si contamos con los acuerdos sociales correspondientes. Podía copiarlas, pero no crearlas.

Esas capacidades intelectuales se reservaban al mundo masculino. Su ingreso en la universidad se dio a partir del siglo XX. En Inglaterra, en el XIX, cuando las primeras consiguieron entrar en Medicina, los compañeros se retiraban porque era una humillación estudiar con mujeres.

El protagonista de una novela rosa de esa época decía que prefería ver en las manos de una mujer una mancha de lepra antes que una de tinta. Tampoco debían practicar deporte. Tenemos interiorizadas conductas que valoramos y consideramos propias y habían sido asignadas al mundo de lo masculino.

Ahí hay una cuestión transgénero, un claro desafío a los modelos de género tradicionales. El modelo de género les podaba muchas cosas, pero les daba prestigio y riqueza. No se lo han cuestionado tanto. Han avanzado muchísimo menos en el camino de reacondicionar o de desmontar los roles de género.

Ese fue el siglo de la gran transformación de los roles femeninos, el del triunfo de las reivindicaciones de las mujeres. Tengo la esperanza de que el XXI sea el de la gran transformación de los roles masculinos, en el que los hombres se planteen qué tipo de seres humanos quieren ser, si les apetece seguir siendo guerreros desimplicados de los afectos o si, por el contrario, quieren acceder a desarrollarse como seres humanos completos.

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El cambio de los modelos masculinos y el refuerzo de los cambios femeninos ya logrados. Algo como para tirar la toalla: Trabajar diez años en un tema y encontrarte con que hay que volver a empezar desde el nivel cero.

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